El Palacio del Parlamento de Bucarest, delirio inacabado de un dictador
2.- El viaje en el tiempo de Maramures. Muchas de las iglesias de madera deMaramures son Patrimonio de la Humanidad. También lo deberían ser sus gentes. Los rumanos son reservados, pero extraordinariamente amables. Y en la región de Maramures, en el norte de Rumanía, el viajero es recibido como parte de la familia.
Misa dominical en la iglesia de Desesti, en Maramures
3.- Castillos y palacios. El Castillo de Peles, en Sinaia, era la residencia de verano del rey Carlos I, el monarca de origen alemán que reinó en Rumania hasta 1914. Su esposa, la reina Isabel, amante de la música, la pintura y la literatura, dejó su impronta en este palacio, seguramente el castillo más interesante y bello del país, rodeado de los exuberantes bosques de las montañas de los Cárpatos. En sus habitaciones estuvo de invitada incluso la emperatriz Sissi. El Castillo de Bran, en cambio, es un recorrido por una leyenda, la de Drácula, y por una realidad, la del personaje que lo inspiró, el príncipe Vlad Tepes, "el Empalador". Conviene olvidarse de tópicos y quedarse con la historia real de Vlad. Son los dos lugares de Rumania en los que el viajero tendrá que hacer cola para entrar.
Misa dominical en la iglesia de Desesti, en Maramures
4.- Las curvas de Transfagarasan. La carretera de Transfagarasan es una de las más apreciadas del mundo por los amantes del motor. Sus 90 kilómetros de curvas llegan hasta los 2000 metros de altitud, donde espera el lago Balea. Conecta las regiones deValaquia y Transilvania a través de las montañas Fagaras y fue inaugurada en 1974 como parte de una estrategia militar ante una posible invasión del país. Mejor hacerla de norte a sur. Desde noviembre hasta la primavera es fácil que esté cerrada por nieve.
Tramo norte de la carretera Transfagarasan
El monasterio pintado de Sucevita, Patrimonio de la Humanidad, en la región de Bucovina
6.- Las ciudades de Transilvania. Muchas ciudades rumanas tienen centros históricos muy bien conservados, rodeados después por una periferia más que olvidable. Sibiu oBrasov son dos ejemplos de ciudades transilvanas en los que el casco antiguo parece un pequeño pueblo, con bellos edificios que atesoran siglos de historia, calles adoquinadas y plazas barrocas, zonas cerradas al tráfico en los que vale la pena pasear sin un rumbo fijo. Sibiu, Capital Europea de la Cultura en 2007, tiene un encanto tranquilo que atrapa al viajero. Obligado fijarse en esos ventanucos en forma de párpado que airean las buhardillas de las casas.
Piata Mare, la plaza principal del centro histórico de Sibiu
7.- Una ciudadela de cuento. Una placa en lo alto de la Torre del Reloj marca la distancia: a 2360 kilómetros de Madrid. Pero la distancia en el tiempo parece mucho mayor. La ciudadela de Sighisoara parece detenida en un tiempo imaginario: calles empedradas, casitas de colores, elaborados restaurantes, rincones con encanto y una muralla del siglo XIV. Imprescindible quedarse en alguno de los pequeños hoteles o casas de huéspedes del recinto amurallado.
Para los frikis, una visita más que prescindible: la casa donde nació el príncipe Vlad "el Empalador", la figura que inspiró el personaje de Drácula. Sighisoara es, además, una buena base para visitar los pueblos sajones de Transilvania.
La Torre del Reloj y casas de la ciudadela de Sighisoara







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